| Mini Relato: Acá estoy de
nuevo, recordando algunas de mis anécdotas eróticas y esta, es mi preferida,
porque cuando la recuerdo, verdaderamente me vuelvo a excitar.
Lo cierto es que estaba con casi 39 de fiebre, una gripe de las que les
dije, llamé a mi centro de medicina y me mandaron una doctora a casa.
Llegó el lunes como a las 11 de la mañana, tenía esa fiebre de estado
gripal, pero igual mantenía mi espíritu. Tocó a la puerta, le abrí y
apareció la figura de una mujer de unos 45 años, no muy alta, rubia, ojos
celestes, caderas formadas, con una chaqueta larga pero ,abierta al frente
lo que dejaba ver sus pechos dentro de una camisa blanca y una falda azul
por la rodilla con medias color carne. Sus piernas eran de una mujer de 30
años, sus pechos igual, solo su rostro le marcaba algo de los 45, pero no
tanto. ¿Usted es el enfermo? Si- contesté- tengo temperatura bla bla bla. Me
hizo sentar en el living, me revisó la espalda, tenía unas manos
espectaculares. Me pidió que me diera vuelta y ahora tuteándome me dijo -
abre bien la boca –lo hice- huy – dice- tienes algo roja esa garganta y un
poco de congestionamiento. Vamos a dejarte acá 3 días, toma esto y cuéntame
de ti. No hay mucho que decir, mi familia, mi mujer está trabajando y los
niños en la universidad, soy master en administración, no mucho más. Estaba
sentada frente a mí, tenia las piernas cerradas pero se le veía por ese
espacio que deja la falda encima de las rodillas, que había algo blanco al
fondo, sin dudas su tanga, sus pechos me parecieron algo excitados pero
podía ser por el aire acondicionado que, en su automático, a veces larga una
ola de aire fresco y ella estaba enfrente. Bueno – dijo- mañana te veo de
nuevo. En la tarde me llamó por teléfono y me preguntó como estaba, seguía
con algo de fiebre pero había cedido con sus medicamentos Al otro día tocan
a la puerta a las 9 de la mañana y era ella, con un saco largo marrón claro,
un pantalón marrón oscuro que mostraba un trasero divino, y un pulóver hasta
el cuello, pero sus pechos eran lindos se redondeaban en la lana y
resaltaban. Hola- ¿cómo estás?- entró ya conocedora del lugar me revisó la
garganta, el pecho y la espalda. Te voy a inyectar, dijo- porque aún estas
congestionado, me hizo parar, me bajó algo el pantalón deportivo que tenia
puesto y me puso una inyección. Yo que estaba ya a punto de ponerme tieso,
ese pinchazo me mató, pero igual me senté enseguida y esperé sus palabras.
Mañana estarás bien- tenía una boca deliciosa- esto son 72 horas. Miércoles,
10 de la mañana suena el timbre, la empleada no había venido y bajé a abrir,
ella estaba allí. Con una falda corta negra, medias iguales, una chaqueta
corta también negra y una camisa blanca que dejaba ver un sostén negro, con
la chaqueta de abrigo en las manos. Hola. Estás mejor?-preguntó. Sin decir
palabra la hice pasar y le dije compruébalo tu misma, me sentó en el sofá y
comenzó a revisar mi pecho el pelo rubio lo veía desde arriba mientras oía
mi pecho. Sin poder controlarme, le tomé la cabeza y ella me dijo- epa!!!
¿Que pasa? Nada - le dije - tu pelo me hace cosquilla en la barbilla.
Inmediatamente subió la cabeza con mi mano en su nuca y sin soltarla la besé
en la boca, abrió los labios e introduje mi lengua. Me recibió con la suya.
Las salivas empezaron a confundirse, ella gemía. Le quité la chaqueta, ella
ayudó, puse mis manos entre su camisa y atrapé su pecho izquierdo, el pezón
estaba casi como una roca, erecto, duro, latente, baje el corpiño, dejé al
aire sus tetas, ella me miró y se miró. Se sacó la camisa, y se abrazó a mi,
me besaba mientras con mis manos tocaba a sus tetas y sus pezones erectos,
duros, llenos de tibieza, no dejaban de crecer, pensaba que le iban a
explotar por el tamaño que estaban tomando.
Continuara... |